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situacionismo alrededor de las prácticas artísticas, hoy

 

4 de junio 2020 / sobre la invisibilidad

 

Tal vez lo invisible sea eso tan esencial a los ojos, dándole una vuelta a Exupery.

 

Quizá por ello los que nos dedicamos a la visibilidad (las artes visivas) seamos invisibles (ars invisibilis). El título de un disco de Wim Mertens nos alertaba sobre esto: "Lo que ves es lo que oyes".

 

La invisibilidad estaría entonces del lado de los que saben ver y escuchar, que un tanto serían los que están atentos a lo que sucede en el mundo. Pero hay más gente y todos pertenecemos a un ecosistema común que es la cultura y, más específicamente, uno pertenece, en el plano "profesional", al mundo de la cultura.

 

Con todas mis dudas de si creer o no que pertenezco a ese mundo al menos en muchos de los parámetros en los que se construye y se presenta públicamente, "profesionalmente" está uno ahí, se incluye por trabajo, impuestos, relaciones, empeño y cultura. 

 

Pero ese estar (la visibilidad del estar) es como mínimo relativo a la hora de la comparación con lo que realmente es visible, con lo que se identifica a nivel institucional y por tanto a nivel público, de la gente, como esos fenómenos culturales. 

 

Y la cultura, a nivel institucional y por lo tanto público, es mayoritariamente el espectáculo, lo grande.

 

Insisto mucho en lo del nivel institucional por una simple razón: si las cosas las dice quién supuestamente tiene el poder y el conocimiento de ellas, desde una institución pública dedicada a la cultura, aquel que cree que no tiene esos conocimientos o no los tiene a un nivel más atento, se las cree. 

 

A mí me pasaría lo mismo con el infinito de cosas de las que no tengo ni idea: si me dicen que el mejor equipo de fútbol del mundo es tal, yo digo, pues vale, me lo creo.

O me da igual.

Con la cultura ocurre exactamente lo mismo: ¿quiénes son los representantes a nivel popular? actores, músicos populares... (algunos de ellos cuya relación con la cultura resulta un tanto extraña, la verdad).

 

Lo compruebo de nuevo estos días (siempre está, es un síntoma antiguo, pero ahora vuelvo a ello). Miro las páginas de redes sociales de instituciones como la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (Agencia Andaluza de Instituciones Culturales)y me pregunto(y a su vez les escribo para preguntarles) el porqué de las cosas, que decían aquellos cromos de Bimbo. El porqué los contenidos son casi exclusivamente dedicados a las artes escénicas andaluzas.

 

Esto no es de ahora, es un síntoma como digo, que se viene repitiendo desde el principio de los tiempos (hace más o menos 40 años).

 

La cultura parece ser que es el teatro y adyacentes. No hay más. De hecho, hasta el año 2004/5 en la Consejería no existía más que un premio perdido por ahí dedicado a la creación contemporánea (a mí me lo dieron un año) hasta la creación de Iniciarte y su posterior eclipse y conversión en arte emergente. Ya está. 

 

Los demás no existimos (ars invisibilis), sólo existen actores, distribuidoras de teatro...(invito a visitar la página en Facebook por si alguien tiene curiosidad).

 

No tengo absolutamente nada en contra de las artes escénicas y no va por ahí, sólo sugerí a la administración que incluyera más contenidos, no por figurar en nada, sino para que al público no le constara, day after day, que lo único que existe es eso, ya que son institución pública y no exclusiva de un sector.

 

De lo visible y lo invisible podría hablar mucho más, de hecho podría hablar durante años, toda la vida se revuelve entre lo visible y lo invisible. 

 

Y no crean que me molesta ser invisible, aparte de estar acostumbrado, me da mucho más juego y suscita más lo imprescindible de la vida: el misterio.

 

Lo mío no es lo que dicen que es sino lo que yo pienso que, tal vez, de algún modo, tarde o temprano, pueda llegar a ser.

 

              Rubén Barroso, 4 de junio de 2020

 

 

 

 

 

 

 

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